Con paciencia de mamá que espera el regreso de su hijo, mi madre (y por momentos mi padre) recortan cada semana una columna del periódico El Colombiano. Es la columna de opinión de mi profesor del pregrado, José Guillermo Ánjel, Memo Ánjel. A veces, sumado a las columnas, mi madre recorta otras noticias que considera relevantes para mí. Cuando le cuento de esas noticias, años después, ella me dice que las ha olvidado.

Cuando viajo de visita, me regreso a Alemania con un sobre de manila (como decimos en casa) repleto de recortes, que voy leyendo de a pocos. A veces con un café, o a veces como la introducción a otras lecturas. Hubo un tiempo en el que no fui capaz de leerlos: viajaba con ellos, pero los dejaba archivados. Era abrir una ventana por la que no era capaz de asomarme.

Periódico El Colombiano, 09.08.2020.

Hoy, cosas de la vida, retomé un recorte que es del 09 de agosto del 2020. De hace exactamente seis años. Se titula “La nostalgia será la única visitante de estos bares”. El periodista Ronal Castañeda escribió la nota, en la que aparecen varios lugares de Medellín que frecuenté de estudiante y que cerraron durante la pandemia del Covid-19. La Boa, donde trabajó como barman el que fue mi profesor de baloncesto, que se llamaba Mauricio; y El Eslabón Prendido, donde varias noches fui a bailar salsa. No sé si, por los milagros que a veces hace el tiempo, reabrieron. Pienso también en la sala de redacción donde trabajé, que terminó convertida en un restaurante, y que no volverá a abrir sus puertas pues ya el periodismo se hace en home office.

Decidí entonces devolverme a mis libretas. Hace seis años no era tan consistente con mi escritura. El diario incluye notas muy sueltas. En agosto del 2020, la primera de ellas hablaba de una libreta que perdí en un tren Berlín-Kassel. La pandemia del Covid-19 estaba presente, pero el verano permitía que las reglas de distanciamiento social se relajaran un poco. Yo estaba entre regresarme para Colombia, terminar la maestría en modalidad virtual, o esperar con optimismo a que el tercer semestre fuera presencial. Ninguno de los dos sucedió. En casa, la pandemia tenía múltiples rostros.

09.08.2020
Mis papás y mi hermana me contaron que han visto guacharacas y animales que no habían visto antes en los alrededores de la casa, incluyendo a las iguanas que a veces se asoman hasta la portería del edificio. También me contó mi mamá que mi hermana está por irse de la casa.

En plena pandemia mi hermana se independizó, dejó la casa. Es decir, mis padres cerraron el ciclo que habían comenzado desde hace más de 40 años. Nos llamaron al mundo, nos dieron lo que pudieron, y nos construyeron tan fuertes que fuimos capaces de crecer con su impulso, para buscar nuestras propias raíces.

Como dicen algunes, “dejamos el nido vacío”. Mi papá reconocía ad-portas de la salida de mi hermana, que no quería que se llevara la cama, para que ella siempre pudiera regresar, y descansar cuando quisiera. Sin embargo, la cama se fue con ella, y ya no existe. La reemplazó un sofá-cama donde mi hermana descansa de vez en cuando durante sus visitas, el mismo sofá-cama donde mi madre lee el periódico en las tardes, y recorta pedazos de prensa para mí.

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