Hoy cumplo siete años de mi vida en Alemania. El 01.08.2019 inicié mi viaje hacia estas tierras, con la meta de estudiar una maestría de dos años y regresarme a Colombia.
Gracias a quienes todavía me acompañan en este viaje, gracias por el amor que de ustedes siento mientras pasan los años, y mientras la vida sigue su rumbo; en mi caso, lejano de los planes que un día me tracé. De a pocos construyo otros planes para mantenerme cerca de lo que dice el corazón y de lo que me muestran las posibilidades que guían la razón.
No quiero publicar balances ni reflexiones en este día. También hay belleza en la levedad.
Volví a mis libretas, y allí encontré la siguiente nota, que edité para su publicación.
01.08.2019
La frase que me despidió de la casa, escrita por mi papá en el tablero fue: “Vuela a cumplir tus sueños”. Y así será.
Mi madre lloró mucho y sus manos estaban muy frías al despedirnos. Mi padre también estaba muy triste, pero sacó fuerzas de donde más pudo para mostrarse fuerte y apoyar a mi mamá. Mi hermana, aunque silente, mostraba en sus ojos que estaba asustada por mí. Luego me escribió que le haría mucha falta.
Anoche antes de dormir y hoy temprano en la mañana lloré muchísimo, al punto de casi ahogarme. Debí serenarme y no llamar de más a la nostalgia. Sentí mucho vacío y desasosiego al despedirme. Estaba tan asustado y apesadumbrado que, en los primeros minutos y horas, no me hallé. Miraba a todos lados, incluso miraba el celular por si necesitaban algo de mí o para saber cómo iba mi mamá. Como si yo todavía pudiera hacer algo por ellos.
Hay una imagen, la del despegue, que es la misma que aplico a este momento del viaje. Esta es la parte más dura, las primeras semanas serán las más fuertes. Dejar la casa y su comodidad, alejarme físicamente del amor de mis padres y de la mujer que amo, dejar mi idioma, irme a otro mundo lejano y desconocido por dos años de aprendizajes en todos los sentidos.
Me gusta mucho ver cómo las vidas van organizándose en mi ausencia y yo, como espectador, los veo actuar, planear, decidir. Moverlos también con mi ausencia. Y entender que la vida es ese devenir y cambio que otros nos generan, que yo también les genero con mis actos.
Pienso con mucha frecuencia en las preguntas que he traído a mi viaje. Preguntas académicas y vitales.
De casa me despidieron los guayacanes florecidos, una mujer y una familia que me aman. Honraré esta oportunidad y le pido a Dios y a la vida salud para mis padres, y para aquellos que amo. Yo me cuidaré lo más que pueda la salud. Estaré abierto a la vida y a sus signos, y trabajaré duro por cumplirme con mis metas y sueños. Y por regresar a Colombia convertido en el hombre que desde ya proyecto y que anhelo ser.
¡Bienvenida, Nueva Vida!
Deja un comentario