Despegamos con casi 30 minutos de retraso. El tiempo lo recuperaremos en el aire, porque el vuelo en este otro sentido (del occidente al oriente teniendo como referencia el Océano Atlántico) será más corto, solo ocho horas con 40 minutos.
“Está siendo tan duro como la primera vez”, decía mamá durante el día de la partida. “Mi muchacho”, me repetía varias veces mi papá. Yo los acompaño en la nostalgia que me cae por momentos, y pone lentos mis pasos y pensamiento. Lo más duro no es el día de la partida, sino la nostalgia que siento meses después al leer las palabras escritas en ese momento. A la nostalgia se le suma la ausencia, ya no puedo extender mis brazos y encontrarme sus cuerpos, y sentirlos, y abrazarlos.
En el despegue, una mujer que estaba en una fila delante de mí lloró con todo su ser. Despegar es desprender, y en este caso también es desgarrar. Se le recostó a su compañero en el hombro, y siguió llorando en silencio mientras él le acariciaba el hombro, le tocaba las manos. Él mantenía fija la mirada en la pequeña pantalla que está en la parte trasera de los asientos de avión que cruzan el océano Atlántico, quizás también resquebrajado por dentro.
A mi lado se repite la historia. Siete años en España, cerca de Bilbao, trabajando de camarera y arreglando hoteles. Hoy al cuidado de mayores y limpiando casas. Segundo viaje a Medellín en siete años. En el camino ha perdido a su padre (Covid-19) y a su hermana de 48 años (cáncer de cerebro).
Me pregunta que si vivo contento o resignado en Alemania. Y yo alargo el silencio y no respondo. Ella también parece del club de les resignades, que cuentan los años por fuera, que ya consiguieron la ciudadanía de otro país, pero que en el fondo sueñan con el día del regreso. Como la que llora, como mi vecina de asiento, y como yo somos más de, entre cuatro y seis millones de colombianos viviendo por fuera de Colombia. Y ahí, al pensarlo y sentirlo, ya somos una multitud.
Para muches, el viaje se convirtió en la vida. A veces, cuando atravieso en bicicleta las calles de la ciudad en la que vivo, me siento como en una película, como en un viaje que aún no termina. Todavía me impacta la historia de un amigo de Berlín, artista, quien luego de 17 años en Alemania se regresó para Colombia a intentar una nueva vida como profesor en una universidad pública. A él se le terminó el viaje por estas tierras.
Pienso también en otro amigo, que me recuerda mucho a mi papá. Él vive en Alemania desde hace más de 30 años, pero nunca ha querido hacerse a la ciudadanía alemana. Colombia permanece en él y abarca sus recuerdos, así esas memorias sean cada vez más distantes, ecos de su niñez y primera juventud. En él esa presencia es más fuerte que la muerte misma. Ya casi no viaja a Colombia por la simple razón de que sus padres ya están muertos, y de que la familia que le queda es muy poca. ¿Y aquí? Todavía de viaje. La última vez que intenté conversar con él me contó que estaba de casa en casa, pidiendo posada entre amigas y amigos porque su compañera de vida, alemana, le cortó la relación. “Es que a veces ella no entiende que yo vengo de otro mundo”, me decía otro día entre cervezas. Y ese mundo no es ni Colombia, ni Alemania, es una especie de intermedio que mezcla espacios, tiempos, recuerdos, vivencias y sueños. Es un interregno, que abre posibilidades, pero que dificulta que las personas logren situarte en algunos convencionalismos sociales que llaman identidad o cultura.
¿Qué hacer cuando el viaje se convierte en la vida misma? Si se rompe el viaje de manera abrupta, se queda a la deriva. Volver, a secas, es un espejismo. Para volver se necesita reconstruir la vida, porque el tiempo pasa y con él todo cambia, incluyendo la que un día fue tu casa. Por eso, aunque duela mucho, seguir de viaje y ver hacia dónde nos lleva el camino, hacia dónde me lleva el camino. Al final, es lo único que me quedará: el viaje, lo vivido, lo amado.
No logré encontrar una fuente fidedigna con respecto al número de colombianos residentes en el exterior.
Cuatro millones dice BBC
https://www.bbc.com/mundo/articles/c4g07xe7pr1o
Cerca de seis millones dice la DW
https://www.dw.com/es/la-emigraci%C3%B3n-colombiana-sus-destinos-y-la-posibilidad-de-una-ola-de-retorno/a-75810671

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