- 250 g de mantequilla
- 250 g de azúcar
- 350 g de harina
- 5 huevos
- 2 cucharaditas de bicarbonato de sodio / o polvo para hornear
- 5 g de azúcar con vainilla / o vainilla, al gusto / o Esencia de vainilla
- 2 limones (ralladura de limón; por eso es mejor usar limones bio)
- Horneado: 180 °C (arriba y abajo) / 45 min. Revisar con un cuchillo: la torta estará lista si, al pincharla, el cuchillo sale limpio.

Las manos de mi abuela materna, que se llamaba Margarita, eran gorditas y con muchas arrugas. Yo las recuerdo mucho, porque a ellas estaba muy atento cada vez que preparábamos la torta.
Mi abuela Margarita, que yo nombraba como mi segunda mamá, tuvo cáncer de seno. “Después de la quimioterapia las manos me quedaron muy calientes”, me decía cuando después de su enfermedad volvimos a hacer la torta. Era cierto, ahora podía con más facilidad que antes derretir la mantequilla que era la base del pastel. Esa torta, la torta, fue para mí nuestra máxima expresión de pastelería en la familia.
Julia, mi mamá-mamá y yo la apoyábamos en el proceso. Ella no usaba máquinas, siempre hacía la torta con sus manos. Cuando yo me aceleraba, y empezaba a poner más harina, o a agregar de a dos huevos a la vez, o a poner toda la azúcar de un golpe, ella me decía que despacio, que todavía no, que esperara, que la masa todavía no estaba lista para el siguiente paso. Ella se detenía y levantaba su mano para mostrarme la textura de la masa, como diciéndome que mirara con atención, que faltaba todavía tiempo. Sus manos preparaban un pastel mágico, que nadie en la familia ha logrado imitar. Su pastel lograba mantenerse suave y esponjoso por más de una semana sin ponerlo en el refrigerador.
Como premio a mi trabajo, ella me permitía lamerme el recipiente donde preparábamos la torta. A veces yo también deslizaba mi índice por sus manos, que quedaban llenas de una masa dulce, con sabor a vainilla y a limón, que a mí me encantaban.
Una vez le pregunté por la receta. Sin embargo, la extravié entre mis papeles. Nadie más la tenía. Mi abuela sobrevivió por un año a su cáncer inicial, luego tuvo una metástasis a sus pulmones, y falleció cuando yo tenía 18 años. Es decir, hace 18 años (en el 2025, cuando escribí este texto). Cuando llegué a Alemania, entre el 2020 y el 2021, intenté hornearla por primera vez. No la horneo con mucha frecuencia. Cada que la horneo, si la hago a mano, pienso mucho en ella. Ella a veces se me aparece en los sueños, y conversamos, y yo le cuento de la vida, y de lo mucho que la extrañamos. Yo sé que mi mamá también la extraña mucho.
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